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Peatonales y accesibilidad: un camino que aún tiene baches


Caminar por una peatonal es, en teoría, una experiencia placentera. Sin autos, con espacios amplios y diseñados para el disfrute de las personas.  En el mundo, la peatonalización de calles está en auge. Ciudades como Copenhague, Ámsterdam y Barcelona han demostrado que quitar autos y priorizar a las personas no solo mejora la movilidad, sino que también reduce la contaminación y hace que los espacios sean más amigables.

 

Ahora bien, cuando hablamos de accesibilidad, la cosa cambia. Mientras en algunas ciudades los espacios peatonales incluyen pavimentos lisos, rampas bien diseñadas y zonas de descanso accesibles, en muchas otras los cambios son meramente estéticos. Peatonalizar sin planificar la accesibilidad es como abrir un restaurante sin cocina: una idea bonita pero completamente inútil para una parte de la población.

 

Además, no nos olvidemos de la ventaja de caminar por calles peatonales sin el caos del tránsito… bueno, siempre que no seas una persona en silla de ruedas esquivando maceteros, escalones y mesas de bar con la habilidad de un corredor de obstáculos olímpico.


¿Qué pasa cuando sos usuaria de silla de ruedas y te enfrentás a una peatonal que no está realmente pensada para todos?

 

El desafío de recorrer una peatonal en silla de ruedas

 

Desde afuera, una calle peatonal puede parecer un espacio ideal para la accesibilidad: sin vehículos, con amplitud para circular y con la promesa de un paseo tranquilo. Sin embargo, en la práctica, muchas peatonales tienen obstáculos que convierten lo que debería ser un paseo en un circuito de obstáculos.

 

1. Pavimentos "artísticos" pero poco funcionales

En varias ciudades, las peatonales están decoradas con adoquines, piedras irregulares o baldosas con texturas que pueden ser un problema para quienes usamos silla de ruedas. Recuerdo una vez en una peatonal muy concurrida en Buenos Aires, donde cada pequeño adoquín hacía que mi silla vibrara tanto que sentía que me sacudía hasta el cerebro. Para alguien caminando, quizás es solo una estética diferente; para nosotros, es una lucha constante contra el terreno.

 

2. Rampas que parecen más una montaña rusa

Otro problema recurrente son las rampas en mal estado o directamente inexistentes. Me ha pasado más de una vez encontrarme con esquinas donde la rampa está mal hecha y termina en un escalón, o rampas tan empinadas que parecen diseñadas para expertos en parkour y no para personas con movilidad reducida.

 

3. Obstáculos inesperados en el camino

A veces, la falta de planificación hace que las peatonales terminen siendo una selva de obstáculos: maceteros gigantes en lugares clave, carteles de comercios en medio del paso, y mesas de bares que invaden el espacio sin dejar margen para pasar. Recuerdo una vez en Córdoba, donde un hermoso café había colocado mesas sobre toda la peatonal, dejando un mini espacio entre la pared y las mesas. Para alguien en silla de ruedas, eso significaba quedarse afuera del recorrido o pedir permiso cada dos metros para que me dejaran pasar.

 

4. Cruces complicados

Aunque una peatonal en sí misma puede ser medianamente transitable, el problema surge cuando hay que cruzar a otra calle. En muchas ciudades, los cruces entre peatonales y avenidas están mal señalizados o sin rampas adecuadas. Y si bien algunas ciudades han avanzado en la instalación de semáforos con sonido para personas con discapacidad visual, aún falta mucho para que todas las personas con discapacidad podamos transitar sin dificultades.

  

¿Cómo podemos mejorar la accesibilidad en las peatonales?

 

Mejorar la accesibilidad en estos espacios es más que poner una rampa aquí y allá. Se necesita planificación real y, sobre todo, escuchar a quienes vivimos estas dificultades todos los días. Algunas soluciones pueden ser:

 

  •        Pisos amigables: evitar los adoquines irregulares y optar por superficies lisas y antideslizantes. 
  •        Rampas bien hechas: con la inclinación correcta y sin obstáculos. 
  •        Orden en el mobiliario urbano: evitar la invasión del espacio peatonal con mesas, macetas o carteles. 
  •        Cruces accesibles: con rampas adecuadas y señalización clara. 
  •        Más participación de personas con discapacidad en el diseño urbano: porque nadie mejor que quienes vivimos estas dificultades para señalar lo que realmente hace falta. 


Un paseo para todas las personas

 

Las peatonales deberían ser espacios de disfrute para todas las personas, sin importar si caminan, usan bastón, silla de ruedas o cochecito de bebé. La accesibilidad no es un extra ni un "favor"; es un derecho. Y si queremos ciudades más inclusivas, es momento de empezar a entenderla como una oportunidad para que todos podamos disfrutar del espacio público en igualdad de condiciones.


Verónica Martinez

Master en accesibilidad para la Smart City

Fundadora de SÍ VOY